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miércoles, 5 de octubre de 2011

Entre 2006 y 2007, EU llevó a cabo Receptor abierto, operación similar a Rápido y furioso.

• Ambas inundaron de manera ilegal de armas a México, señala el diario Los Angeles Times

• Fue realizada desde la ATF y era conocida por altos funcionarios del Departamento de Justicia
Por Afp, Notimex y PL
Washington, 4 de octubre.- Estados Unidos llevó a cabo en 2006 y 2007 un operativo similar a Rápido y furioso (Fast and furious) llamado Receptor abierto (Wide receiver), que permitió también la entrada ilegal de armas a México, de acuerdo con documentos obtenidos por el diario Los Angeles Times.
La operación Receptor abierto fue realizada desde la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) en Tucson, Arizona, y era conocida por altos funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos, según datos revelados por el diario estadunidense, que también sugiere que el procurador Eric Holder conocía el operativo Rápido y furioso desde 2010.
La existencia del plan Receptor abierto fue develada en una serie de correos electrónicos entregados por la administración de Barack Obama a investigadores del Congreso y funcionarios del Departamento de Justicia, quienes discutieron ambos operativos desde octubre del año pasado, dijo Los Angeles Times.

Un funcionario estadunidense que pidió no ser identificado dijo que altos funcionarios del Departamento de Justicia sabían que se permitió la entrada de armas a México a través de Receptor abierto, pero desconocían Rápido y furioso.

Jason Weinstein, subprocurador de Justicia de la División Criminal, aludió a ambos casos en un correo electrónico de octubre de 2010, preocupado de que los casos se traslaparan, señaló el diario.
En el mensaje, dirigido a James Trusty, jefe de la Oficina de Crimen Organizado y Pandillas, del Departamento de Justicia, Weinstein pregunta si convendría que su jefe, Lanny A. Breuer, saliera en la prensa “cuando Rápido y furioso y el caso Tucson se revelen”.

Es un “caso delicado por el número de armas que han caminado”, señaló Weinstein. Trusty respondió: Creo que sí, pero el momento es delicado también.

Trusty escribió además: “No sería gran sorpresa que muchas armas estadunidenses estén siendo usadas en México, así que no estoy seguro de cuánto nos cuestionarían por dejarlas caminar. Más bien podría ser que finalmente están persiguiendo a gente que mandó armas para allá”.
Investigadores del Congreso –que preside el republicano Darrell Issa– señalaron que los correos son un indicativo de que los funcionarios del Departamento de Justicia conocían las tácticas de dejar caminar las armas de Rápido y furioso.

La mencionada operación fue llevada a cabo desde el otoño de 2009 hasta enero de 2010 y permitió el trasiego de más de 2 mil rifles de asalto a México, a los que se perdió el rastro. Culminó con cargos a 20 personas implicadas, ninguna de ellas líder de algún cártel. En el caso del operativo Receptor abierto no es claro si hubo acusaciones.

Según Los Angeles Times, memorandos de julio de 2010 enviados al procurador Eric Holder, que formaban parte de reportes semanales, mencionaban el caso de un comprador en Rápido y furioso que adquirió mil 500 armas “que fueron compradas para surtir a cárteles de droga mexicanos”.
Documentos enviados a Holder entre octubre y noviembre de 2010 mencionaban que “la operación Rápido y furioso, con base en Phoenix, Arizona, estaba lista para desmantelarse” meses antes de que la investigación fuera concluida oficialmente.

Funcionarios del Departamento de Justicia dijeron que el procurador Holder rutinariamente recibía reportes sobre investigaciones abiertas a lo largo de Estados Unidos y que los reportes no mencionaban que agentes de la ATF estuvieran dejando caminar armas. Dijeron también que el republicano Darrell Issa recibió un reporte similar el año pasado.

La oposición republicana en el Congreso alega que el procurador ocultó lo que sabía, ya que los mismos correos apuntan a que Holder, quien dijo haber conocido de las operaciones de Rápido y furioso este año, supo del operativo en octubre, noviembre y diciembre de 2010, antes de que el caso se hiciera público.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mandos militares estadunidenses expertos en la lucha contra Al Qaeda examinan redes de droga en el país.

Por David Brooks | Corresponsal

•10 años del 11-S
•México, objetivo de EU para expandir su guerra contra el terrorismo.
•Los ataques de 2001 transformaron la relación bilateral; comercio y migración dejaron de ser prioridad.

Nueva York, 6 de septiembre. A lo largo de los últimos 10 años, México se transformó de ser un "socio" en la lucha antiterrorista de Estados Unidos a nivel internacional, a un país que requiere ser rescatado con algunas de las mismas estrategias y tácticas diseñadas por Washington para combatir el "terror" al otro lado del mundo.

El mismo comando, cuya unidad de fuerzas especiales militares Seals aniquiló a Osama Bin Laden y con ello de cierta manera se cerró un capítulo de la historia que empezó con los atentados del 11 de septiembre de 2001, está deseoso ahora de aplicar sus talentos a México, reportó el Washington Post.

En un amplio reportaje sobre el Comando Conjunto de Operaciones Especiales del Pentágono (JSOC), la fuerza militar secreta más poderosa de este país que ha multiplicado su tamaño y operaciones en torno a la guerra contra el terrorismo proclamada por el 11-S, los reporteros Dana Priest y William Arkin informan que "México está primero en su lista de deseos", pero que el gobierno mexicano, limitado por la Constitución, depende de otras agencias federales para asistencia en inteligencia y otras actividades. Sin embargo, JSOC colabora en asuntos antiterroristas con la agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) y otras en aspectos relacionados con el tema.

De hecho, revelaciones en meses recientes señalan que las tácticas y enfoque de la guerra antiterrorista estadunidense ya se emplean en México. "Los militares (de EU) intentan aplicar en México lo mismo que hicieron en Afganistán", declaró un oficial estadunidense al New York Times recientemente, al describir el trabajo de algunos en el Comando Norte.

El Times reportó el mes pasado que el Pentágono está empleando lecciones aprendidas en una década de combate contrainsurgente en Afganistán e Irak en la lucha antinarcóticos. En el Comando Norte (cuya área de responsabilidad comprende Estados Unidos, Canadá y México) "varios altos oficiales con años de experiencia en la lucha contra Al Qaeda y grupos afiliados examinan inteligencia sobre las redes de droga mexicanas", informó el rotativo.

El centro de fusión de inteligencia en una base militar en el norte de México, integrado por personal de la DEA, la CIA y civiles del Comando Norte del Pentágono (entre ellos militares retirados) está modelado sobre los centros de inteligencia empleados en Afganistán e Irak. Las naves aéreas no tripuladas a control remoto, los llamados drones, que han sido la tecnología bélica más moderna y más utilizada en Afganistán, Pakistán y Yemen, las emplean ahora (aunque no artillados, se asegura) las agencias estadunidenses en México. Algunas de las técnicas de operaciones clandestinas, y todo tipo de instrucción contrainsurgente, afinadas en los campos de guerra de Irak y Afganistán, actualmente forman parte de la capacitación estadunidense de fuerzas de seguridad pública mexicanas.

Algunos análisis militares estadunidenses en el pasado reciente han comparado algunos aspectos de la situación en México con la de Pakistán e incluso con Afganistán. Aunque el Departamento de Estado y otros descartan estas comparaciones, no ayuda su argumento cuando nombran al segundo en rango de la embajada estadunidense en Afganistán, E. Anthony Wayne, como próximo embajador de Estados Unidos en México.

El gobierno de Vicente Fox expresó su solidaridad con Estados Unidos poco después de los atentados, aunque hubo controversia sobre si se demoró en hacerlo formalmente, y casi de inmediato se empezó a implementar todo tipo de cooperación con Washington en torno a la "seguridad"; de hecho, horas después de los atentados, México selló sus fronteras. Desde entonces México también empezó una mayor coordinación sobre monitoreo de extranjeros –sobre todo musulmanes– y vigilancia de puertos de entrada, fronteras y tránsito aéreo con sus contrapartes en Washington.

En los siguientes meses, México procedió de manera cautelosa en el ámbito diplomático. Subrayó su cooperación con la "comunidad internacional", y no directamente con Washington, para enfrentar el terrorismo.

Después, México evitó sumarse a cualquier "coalición" de países que proclamaban la guerra contra el terrorismo, lo que provocó irritación en Washington.

De hecho, el gobierno mexicano fue víctima de constante presión y hasta de espionaje en la misión de México ante la Organización de Naciones Unidas por Estados Unidos, el cual buscaba promover el endoso de la "comunidad internacional" para su guerra contra Irak.

El voto no se realizó, aunque México indicaba que rechazaría el uso de fuerza contra Irak. Estados Unidos lanzó su guerra de manera unilateral. Pero meses más tarde, ya ante los hechos, México sí endosó en la ONU la legitimidad de la autoridad estadunidense en el país invadido.

En el ámbito bilateral, México prometió a políticos estadunidenses que se dedicaría a "asegurar" la frontera con Estados Unidos ante una creciente presión desde Washington que transformó el tema fronterizo y de la migración en asunto de "seguridad nacional". Así, a partir del 11-S, la relación bilateral se transformó; antes, las prioridades eran el comercio y la migración tras los ataques, la seguridad se volvió el eje central.

Así, en las siguientes reuniones entre los entonces presidentes Vicente Fox y George W. Bush, todo giraba en torno al tema de seguridad, y elaboraron acuerdos que incluso convirtieron la tan elogiada zona de libre comercio del TLC, en una zona de seguridad de América del Norte que sería bautizada bajo el nombre de Asociación de Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) en 2005.

Sin embargo, el gobierno de Bush, bajo la repetida justificación de seguridad, decidió militarizar su frontera sur e instaló más equipo electrónico, construyó un muro fronterizo y desplegó más agentes de seguridad incluida la Guardia Nacional, algo que continúa en la presidencia de Barack Obama.

Con la declaración de la guerra del presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico y la detonación de la ola de violencia extrema en el país vecino, la relación dio otro giro. México pasó de pronto de ser "socio" en la lucha antiterrorista, a "víctima" de la violencia "terrorista" del narcotráfico.

Bajo el rubro de la Iniciativa Mérida, esta óptica se hizo extensiva a Centroamérica. La relación con Estados Unidos hoy gira cada vez más en torno a las definiciones de la visión estratégica estadunidense que se aplica a la gran mayoría de países del mundo, y donde casi todo es percibido como una posible "amenaza" a la seguridad estadunidense.

La violencia y las drogas en México, hasta los migrantes, se perciben como graves "amenazas" potenciales a la seguridad nacional estadunidense por Washington. Las consecuencias del 11-S, como lo "aprendido" en la respuesta bélica estadunidense, definen ahora la relación bilateral.



La Jornada, miércoles 7 de septiembre de 2011, p. 2