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miércoles, 18 de mayo de 2011

Dialogar con quién.

Por Pedro Miguel.

El colapso del gobierno ocurre en todos los terrenos, pero su expresión más acuciante es la pérdida de certezas jurídicas de base por parte de la población. La lógica económica del triunfo del más fuerte tiene su correlato, en la seguridad pública, en el triunfo del calibre más alto. Ahí tienen a un puñado de habitantes de comunidades rurales entre San Luis Potosí y Zacatecas, obligados por las circunstancias a enfrentarse a tiros –en condiciones de total desventaja, y con saldos contraproducentes y más que dolorosos– a los Zetas. El hueco que deja el poder público al abandonar su tarea de garantizar la integridad física y patrimonial de la gente debe ser ocupado, y con urgencia, por una construcción de vínculos sociales que permita incidir en las decisiones políticas y forzar a las instancias gubernamentales de todos los niveles a que adopten rumbos menos destructivos que los impuestos al país desde hace décadas. Para ello, el diálogo social es, ciertamente, indispensable, y en ese sentido, puede ser crucial la reunión convocada el 10 de junio en Ciudad Juárez por Javier Sicilia.

Otra cosa es el diálogo o la negociación con el calderonato.

Hay numerosas razones para afirmar que la actual administración infringe, en forma regular y sistemática, el marco legal, incumple con sus obligaciones constitucionales y propicia, con ello, graves y masivas violaciones a los derechos humanos y sociales y a las garantías individuales.

Más allá de las omisiones o infracciones gubernamentales en esas materias, muchos indicios permiten sospechar que la estrategia de seguridad en curso es una fachada sangrienta para ocultar la connivencia del equipo gubernamental con la delincuencia organizada. Ejemplos: el encubrimiento del Cártel del Pacífico en detrimento de sus competidores; los numerosos delincuentes que han trabajado como altos mandos en la Secretaría de Seguridad Pública y en la Procuraduría General de la República; la renuencia oficial a investigar el lavado de dinero masivo; los narcotraficantes en las nóminas de Aserca y de Procampo; la tolerancia y la impunidad otorgadas a Mario Marín, Ulises Ruiz y otros de esa especie; el trasiego, pese a todo, de centenares de toneladas de cocaína por las fronteras sur y norte; el incremento de los secuestros en lo que va de esta administración; la connivencia de numerosos funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) con los grupos armados que extorsionan, esclavizan y exterminan a migrantes indocumentados. Y sí: las presumibles complicidades con la criminalidad organizada no se limitan a las autoridades federales, sino que incluyen a las estatales y a las municipales de diversos sitios.

Pero falta lo más grave: hay elementos de juicio para suponer que la adopción de la estrategia actual y la firma de la Iniciativa Mérida fueron la formalización de un proyecto de desestabilización originado en Estados Unidos para llevar a México a circunstancias que justificaran –a ojos del mundo, y hasta de algunos mexicanos– la intervención directa de Washington en la seguridad pública y nacional de nuestro país, algo que, de acuerdo con los documentos de WikiLeaks difundidos por La Jornada, ya ocurre. Diversos funcionarios estadunidenses se han referido a la pertinencia de aplicar en México estrategias de guerra formuladas para Irak (se lo dijo Dennis Blair al general Guillermo Galván Galván el 19 de octubre de 2009, http://bit.ly/mcb6uK, y lo repitió el almirante Michael Mullen en enero de 2011. Si las palabras no bastaran, están los hechos, y entre éstos, la complicidad de diversas dependencias de Washington en el contrabando de armas de fuego destinadas a los cárteles mexicanos y su inexplicable tolerancia a los narcos que operan en territorio estadounidense.

Los movimientos sociales que aspiran a detener el baño de sangre en curso harían bien, pues, en aplicar la consigna, propagada con extrema hipocresía desde el propio régimen, de “no negociar con la delincuencia”. No hay que hacerlo, en efecto, ni siquiera con la que pretende compararse con Churchill.

Sin abandonar las manifestaciones y las protestas pacíficas y legales –como las dos movilizaciones nacionales recientes, encabezadas por Javier Sicilia– ni los encuentros de la sociedad consigo misma, es preciso también avanzar en otros caminos, igualmente legales y pacíficos, para cortar el nudo gordiano de la impunidad y promover procesos judiciales contra los principales responsables –por acción, por omisión o por ambas– de los crímenes de lesa humanidad que ocurren en México: Felipe Calderón y los integrantes de su gabinete de seguridad, y los cabecillas de las organizaciones criminales que ejercen su control sangriento en extensas regiones del país. Consulten las razones y los fundamentos de esta iniciativa y, si les parece pertinente, fírmenla.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Convocatoria a la Marcha Nacional 8 de mayo.


A LA OPINIÓN PÚBLICA


Ante la emergencia nacional causada por la descontrolada violencia delictiva, las masivas violaciones a los derechos humanos, la corrupción generalizada y la incapacidad de las autoridades para restaurar la paz pública, presentamos las siguientes consideraciones:

Como ciudadanos estamos obligados a respetar la ley, pero carecemos de atribuciones y de facultades para exigirle a la delincuencia que rinda cuentas.

El marco legal de México es claro, en cambio, en cuanto a la obligación de las autoridades políticas de rendir cuentas de sus acciones a la sociedad. Nos uniremos, por ello, a las movilizaciones nacionales y a la marcha convocada por la Red por la Paz y la Justicia y el poeta Javier Sicilia para el próximo domingo 8 de mayo.

La legislación establece también, en forma inequívoca, las obligaciones de los poderes ejecutivos federal y estatales, así como de los municipios, en materia de preservación y restauración de la paz y la seguridad públicas.

El Artículo 89 Constitucional, en su fracción VI, es meridianamente claro en cuanto a las facultades y responsabilidades del Ejecutivo Federal como garante de la seguridad, la paz y la vigencia del estado de derecho.

La situación catastrófica en que se encuentra México es consecuencia de una larga cadena de omisiones e irresponsabilidades de funcionarios de los tres niveles de gobierno que han faltado a sus obligaciones legales en materia de seguridad pública y mantenimiento de la legalidad y que se resume en una palabra: impunidad. Consideramos que, para enfrentar la barbarie que se cierne sobre el país, debemos empezar por exigir y promover procesos judiciales contra esos malos servidores públicos, en las instancias nacionales e internacionales correspondientes.

Con ese propósito, invitamos a quienes desde hace meses, y desde diversas posturas ideológicas y políticas, se han venido expresando con las consignas No Más Sangre y Basta de Sangre, a reunirse el domingo 8 de mayo, a partir de las 11 de la mañana, en la Explanada del Palacio de Bellas Artes, en donde habrá producción colectiva de mantas, pancartas y consignas y otras actividades culturales, para posteriormente incorporarnos con plena solidaridad a la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia.


NO MÁS SANGRE

México, D.F., 4 de mayo de 2011


Elena Poniatowska, Eduardo del Río (Rius), Jesusa Rodríguez, Rafael Barajas (El Fisgón), Antonio Helguera, Hernández, Epigmenio Ibarra, John M. Ackerman, Pedro Miguel, María Fernanda Campa Uranga y Patricio